En la vida cotidiana de los antiguos griegos, el ágora tenía una importancia vital porque constituía el centro cívico (para la reunión y la asamblea) y comercial. La plaza era además uno de los sitios preferidos de los filósofos para conversar con sus discípulos y allí funcionaba también el mercado. Heredadas de la conquista española, estos espacios públicos se convirtieron en lugares de encuentro, de recreación, de actos oficiales, así como de expresiones religiosas y de protesta. Se suele decir que nuestra plaza Independencia es la caja de resonancia de lo que le acontece a la comunidad.
Las plazas, parques y plazoletas constituyen también pulmones verdes en una ciudad como San Miguel de Tucumán cada vez más ganada por el cemento. Sin embargo, en lugar de ser las reinas de la urbe, son víctimas del maltrato. Basura desparramada por el pasto, inseguridad, pintadas en los bancos y los monumentos, indigentes que pernoctan plácidamente, canteros rotos, robos de placas conmemorativas son algunas de las quejas vecinales que recogió nuestro diario en una recorrida por diez plazas y plazoletas ubicadas dentro de las cuatro avenidas. En aquella que honra al vencedor de la Batalla de Tucumán, una mujer la definió como un desastre.
En 2009, la Subsecretaría de Servicios Públicos de la Municipalidad capitalina difundió un relevamiento sobre los espacios verdes de la ciudad, sobre el cual se había diseñado un plan para su recuperación. Se contabilizaron siete parques, 73 plazas, 89 plazoletas y 14 lugares con vegetación. En 2008, se habían hecho convenios con vecinos de las plazas del barrio Parque Sur y de Italia al 4.000: el municipio les brindaba las herramientas y ellos se encargaban del mantenimiento. Pero, al parecer, la experiencia que fue positiva en aquel entonces no se extendió.
Creemos que es importante que haya nuevamente placeros, que no sólo cuiden los espacios, sino que enseñen el uso básico del lugar: desde no sentarse en los respaldos de los bancos, a no escribirlos. Un urbanista propuso la idea de interesar a firmas para que, a través de canjes impositivos, amadrinen los espacios. Esta realidad refleja la ausencia de vigilancia en las plazas, un hecho inexplicable si se tiene en cuenta la gran cantidad de efectivos que han ingresado a la fuerza.
Con educación se puede lograr disminuir la cuota de depredadores. En la medida que aprendamos a querer la tierra tucumana, sentiremos que nuestra ciudad y su patrimonio son de todos y que debemos cuidarlos.